Tratando de entender la salud en un contexto sociológico nos descubrimos ante un verdadero abismo por sortear.

Los síntomas y signos patológicos que definen nuestra comunidad humana parecen superar preocupantemente a las manifestaciones de armonía, progreso o de cualquier otro signo positivo.

Nos encontramos ante la necesidad de usar el oráculo de Menfis para poder dilucidar entre toda la caótica sintomatología y descansar sobre la subjetividad mítica la posible dilucidación de algún remedio milagroso que nos oriente a una recomposición de la sociedad en aras de una salud virtuosa y verdaderamente progresista.

Es un tanto desesperante intentar seleccionar entre la multiplicidad de patologías alguna con la cual iniciar un proceso de restauración social. Tan grave es tanto el crimen organizado como el desorganizado, la exacerbada criminalidad en Juárez, Michoacán, Tampico, Chiapas… depredación ecológica, corrupción institucional, inhumanidad con animales y humanos, tortura, tráfico humano, pederastia, falta de oportunidades, encarecimiento, monopolio de las riquezas, avasallamiento neoliberal, privatización de los bienes nacionales, ignorancia, desculturización, abandono, superficialidad, egoísmo, desvirtualización de la salud y educación pública,  desnaturalización del agro, contaminación planetaria, psicosis masivas, terrorismo de mafias e institucional, criminalización de la manifestación pública, derechos humanos inexistentes, leyes para los que no pagan la impunidad y un etc. etc. que no nos deja más que un ahogado aliento para lanzarnos un S.O.S multidimensional para ver si de algún lado de la estratósfera o de alguna parte de nuestra historia mítica, recibimos alguna pista, de cómo abordar un proceso de reversión psicosociopatológica.

He aquí nuevamente un saludo, aportando algo para la salud personal y colectiva.